
Caminaba por las calles, debÃa dejar un papel en la ANR, y poco a poco fui sintiéndolo nuevamente, el mismo dolor, la misma angustia, cuantas veces me asalta dondequiera que esté, pensé que lo habÃa superado, pero, hoy supe que no.
Hay heridas que se curan rápido, otras que permanecen abiertas, duelen mucho tiempo, se ocultan y vuelven. No se cuando empezó esto, pero ya quiero que termine
Llevo esto conmigo, a veces imaginando que no lo siento, tratando de engañarme, diciéndome que todo está bien, pero no es asÃ. A veces con algunas pastillas, a veces solo durmiéndo para olvidarlo, pero sigue ahÃ, igual que siempre, y a veces duele más, es como si estuviera oculto y llego a olvidarme de el, pero siempre regresa, cuando menos lo espero, cuando menos lo quiero.
Hoy dÃa, mientras caminaba por las calles vacÃas, llenas de cemento, bajo el cielo gris de Lima, decidà que es hora de acabar con este dolor, de una vez por todas, no lo soporto más, no puedo vivir asÃ; y como corresponde, lo haré de la manera más violenta que conozco, posiblemente la única que exista, aunque trate de escapar, es mi destino y terminará alcanzándome, tarde o temprano, y siempre es mejor temprano que tarde.
Será un dolor para acabar con otro dolor, se que es lo mejor, y lo haré pronto, lo se, no puedo esperar más, y aunque me asuste, solo será como un golpe, violento, y todo se acabó. Lo he pensado tantas veces, pero no me atrevÃ, porke? porke soy cobarde, porke me da miedo; pero esta vez, no lo dejaré pasar.
Iré donde ella, se que me ayudará, como lo prometió, y hasta me dijo que no será doloroso, porke sabe que no puedo solo, iré muy pronto, será un Martes, y aunque no quiero que llegue ese dÃa porke me cago de miedo, esta vez estoy decidido. No se ni como se llama, …es mi dentista, y aunque es mujer, no deja de ser una “dentista”; pero igual, tengo que sacarme de una vez por todas esta muela que viene jodiéndome por ya bastante tiempo, a menos ke, me arrepienta una vez más.
escuchándo:
Engel - Rammstein
Ella me cantó una canción, y ya no quiero morir. Mis lagrimas bailaron temblorosas al compás de su voz.
Asà fue la ultima noche, frÃa noche de invierno, camino a la estación, tres de la mañana creo, y la oscuridad solo servÃa para que perros y locos hurguen entre la basura, regándola por toda la calle.
Hace tanto tiempo que pasó y parece que fue ayer, unas cervezas muchos cigarros, y un corazón casi insensible, que se esforzaba por no olvidar sus sueños, arrebatados en una noche que lentamente llegaba a su fin, porque los sueños que vuelan alto terminan escapándose, y los que no aprenden a volar se pierden en este jardÃn, junto con la amargura de los sueños que no pueden ser de verdad, naufragan en la desesperanza, o pierden sus alas de cera y se convierten en parte del odio de este mundo.
Ha pasado mucho tiempo desde que cantaste para mi, tanto tiempo que casi puedo recordarlo todo claramente; no recuerdo que cosa cantabas, no podÃa entender lo que decÃas porque mis lagrimas y mi saliva me arrancaban las ganas de escucharte, y bastaba tomar tus manos y ver tus ojos llenos de noche para saber que esto no terminaba allÃ, y hoy lo se.
Recuerdo que no te gustaba hablar de la muerte, y cada vez que lo hacia decÃas que yo era oscuro, me encantaba que dijeras eso, aunque en el fondo me entristeciera el no poder hablarte de mi sin que me juzgues, creo que siempre tuve miedo a la muerte -y hoy es mas fuerte- y hablar de ello era una forma de no ir a su encuentro.
Y que poco a poco me fuiste dando razones, no para vivir, solamente para no morir. Me gustarÃa tanto sentir como tu sientes, creer en lo que crees, saber lo que tu sabes.
Recuerdo que te gustaba “Canción para mi muerte” de Sui Generis, me gustaba cantarla para ti, y me gustaba ver como te esforzabas por tocarla en la guitarra, y yo solo sonreÃa, era feliz, intentabas cantar, tal vez sin conocer todas las palabras, y eso era algo especial, al menos para mi lo era. No se porqué te gustaba esa canción, o tal vez si, tal vez me creÃas cuando te decÃa: “todo es asÃ, todo está condenado a morir”, solo que ahora… ahora yo tengo miedo de la muerte.
Ya en la estación todo fue muy pronto, querÃa abrazarte y besarte mas que nunca, pero tonto como siempre, no se porqué, solo un abrazo un pequeño beso y “cuidate mucho”. Al salir no me sentÃa tan mal, “tengo cosas que hacer, muchas cosas”. Nunca hice nada de lo que debÃa.
Recuerdo que al regresar al cuarto encontré todo como la noche anterior, botellas en el piso, colillas de cigarro, y cenizas de esperanzas calcinadas con su propio fuego, una guitarra embarrada de recuerdos, la huella de tu mano en mi pared, una cama con sabanas sucias de noches de amor mojadas en alcohol, y alumbradas por la luz de la oscuridad; enciendo un cigarro y me siento a ver como el fuego lo consume, asÃ, poco a poco, el humillo blanco se vuelve parte de la nada, parte de esta mañana incompleta.
Me cantaste una canción, para mi, y hoy no quiero morir. Ha pasado ya no se cuanto tiempo pero todavÃa siento tus manos acariciando mis miedos, en un taxi con la noche a cuestas y el tiempo mordiendo los corazones, porque ella tenÃa que irse, a vivir sus sueños, porque yo no formaba parte de sus sueños, debÃa irse como llegó, un dÃa de invierno, con el sucio cielo de color gris que tiene esta ciudad; asà como llegó, regalando una sonrisa.
Prometà buscarte, solo para ver tus ojos tiernos que no pueden llorar, que no necesitan parir una lagrima húmeda y frÃa; para ver tus labios exprimiendo un cigarrillo, que antes de escapar al cielo toma el tiempo para robarte un beso sin que te des cuenta, para probar de tus ganas de vivir, para darte lo que no tengo, para darte lo que soy.
Hace frÃo, tal ves es la mañana más frÃa de este veloz invierno, pronto estaré contigo, me lo dice mi corazón, y cuando el corazón te habla solo tienes que escucharlo, y tu sabes eso, porque si no hubiéramos escuchado al corazón no habrÃamos contado esta aventura.
Nunca estaré contigo… me lo dice mi corazón y una sucia mancha roja que estalló en mis brazos, embarrando las sabanas, y corre de mis manos estrellándose violentamente contra el suelo.
Y pienso… no hace tanto tiempo, realmente son solo unas horas desde que te fuiste, y ya no soporto el vacÃo; solo unas horas y me estrangula la angustia, la soledad…
Ella me cantó una canción y ya no quiero morir, y tengo miedo, y ya casi no puedo sostener esta botella rota entre mis manos, solo tengo frÃo y puedo escuchar a mi corazón que late cada vez más lento. Te espero allá.
*Escrito en el 2000
“Un cuento es un relato en en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad de atrapar al lector y llevarlo de una manera que podemos calificar casi de fatal hacia una desembocadura, hacia un final.”
-Julio Cortázar-
Hace un tiempo ya, estaba buscando cuentos en la red, me topé con un tipo literario muy peculiar, los micro-cuentos y/o micro-relatos. “Ultracorto” es el nombre que se le dá al tipo de cuento ke, además de poder contar con todos los ingredientes de un cuento normal (introduccion, nudo, desenlace), no tiene una longitud mayor de 200 palabras. Entre ellos, hay algunos que son famosos, por ejemplo “el dinosaurio” (Agusto Monterroso - 1959).
Cuando despertó, el dinosaurio todavÃa estaba allÔ
“El dinosaurio” ha dado origen incluso a reescrituras y ha sido motivo de referencialidad al momento de la emergencia de otro relato. (Entre paréntesis, no puedo dejar de pasar la oportunidad de recordar el texto monterrosino y cómo motiva la escritura de otro texto: “Cuando despertó, el dinosaurio todavÃa estaba allÔ, escribe Monterroso, y el mexicano José de la Colina haciéndose eco arma el siguiente artefacto textual:
“Le pregunté a la culta dama si conocÃa el cuento de Augusto Monterroso titulado El dinosaurio.
-Ah es una delicia -me respondió- ya estoy leyéndolo”. El lector informado captará el guiño irónico de este relato que desacraliza y hace la parodia del lector culto. Cierro el paréntesis).
Todos los estudiosos del cuento ultracorto señalan que el elemento básico y dominante debe ser la naturaleza narrativa del relato. De otra manera, nos encontramos ante lo que algunos autores han llamado un minitexto pero no ante un minicuento; es decir un texto ultracorto, pero no un cuento ultracorto.
¿Qué distingue pues al micro-relato del cuento? Para Edmundo Valadés, quien utiliza el término minificción sin distinguir entre minicuento y micro-relato, “lo importante es la acción”, aunque más adelante casi se desdice: “lo que opera en las minificciones certeras o afortunadas es un golpe final de genio” (1993:286). Las dos apreciaciones no discreparÃan si aplicara la primera al minicuento y la segunda al micro-relato, cambiando “genio” por “ingenio” para mayor precisión. Porque en el desenlace del minicuento hay acción, hay un suceso que se narra. Mientras que en el desenlace del micro-relato no sucede nada en el mundo, sino en la mente del escritor (y afortunadamente, también en la del lector cómplice). Por eso, el desenlace del micro-relato es sólo una entelequia. Dicho de otra manera, el minicuento resulta en lo que le ocurre a alguien, mientras que el micro-relato resulta en lo que se le ocurre a alguien.
¿Qué necesita un texto para ser considerado cuento?
Situación inicial: HabÃa una vez, un niño que…
Un disparador: Mostrando su peluda cabezota, el oso…
Conflicto: Al enfrentarse, ambos…
Resolución: El niño se sirvió un digestivo, el pelo de oso le provocaba acidez…
Akà una selección de algunos cuentos cortos, entre ellos mi favorito… La carta
“La carta”, de Luis Mateo Diez
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y antes de empezar la tarea diaria, escribo una lÃnea en una larga carta donde, desde hace seis años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.
(more…)
…y miro al suelo, vencido, salibando, mi saliva se mezcla en la tierra y la revuelvo; levanto la mirada, y estas ahÃ, como si nada; me rodeas, me das la espalda, sonrÃes una vez mas; y yo solamente quiero que todo termine de una vez. Ke kieres de mi? que no es suficiente juego? no te divertiste bastante? o es que kieres verme caer de rodillas?
Me miras con la sonrisa grabada en el rostro, y tus ojos que kieren engañarme, kieres que me acerke. Vienes hacia mi, lento, me provocas, y se que cuando me acerke me atacarás; eso no lo sabÃa, lo acabo de aprender.
Te acercas me provocas, me acerco, no hagas eso, no soy de fierro, para yaaaaa! voy con todo, todo lo que tengo, cierro los ojos y me lanzo contra ti me eskivas, te ries de mi, siento tus puntas clavándose en mi piel, siento mi sangre mojándome, me duele.
Me alejo, me sigues, te ignoro, me llamas, se sigo, me dañas; ahora con un señuelo, no quiero seguir, no tengo fuerzas para pelear, y te paras al frente, orgulloso, altivo, mientras todos te claman, y gritan oooooleeee, cada vez que fallo.
Estamos frente a frente, sol, sangre y tierra, esta vez no fallaré, tomo impulso, froto mis uñas contra el suelo, tomo aire y teembisto, voy hacia ti, con todas mis fuerzas, esta vez me las pagas, me eskivas, y me hundes tu filosa espada en la espalda, maldito!!!! me duele mucho, donde estás? quienes son ustedes!, vayanse todos!, me duele!, por favor!, me duele!, vayanse mierdas!, ya casi no puedo ver, solo quiero dormir…
Escuchándo:
Mujer noche - Mar de copas
Editado:11 Nov 2004 - 7:40 am
Si fuera de papel, hace rato que hubiera roto este cuento, ya no me gusta.

Diez de la noche, calles oscuras, llenas de sombras; camino a casa.
El mismo camino, los mismos pasos; los pasos que noche a noche lo acompañan. Por su mente desfilan las mismas ideas, las mismas imágenes; pero “esta noche es especial”.
“Hoy es Viernes” piensa, y dibuja una sonrisa forzada en el rostro, tal vez recordando algún momento del dÃa en su trabajo y a esa mujer, a la que vió sólo un par de veces, con la que apenas cruzó algun timido “hola” en alguna ocasión, pero que imaginó desnuda entre sus brazos, y le hizo el amor infinitas veces al dÃa, en la escalera la oficina o el baño, en su cabeza…
Camina lentamente con las manos en los bolsillos, y la mirada al piso, ha visto tantas veces sus pasos sobre la misma vereda, que ya conoce cada metro del camino. Se aferra a su abrigo; la noche está frÃa, ajusta los huesos y sigue su marcha. “Lo de todas las noches” -piensa-, fija un poco la mirada, en los rincones oscuros las parejas luchando por ocultarse en las sombras, se besan, se tocan; en una banqueta dos cabros bebiendo ron, riendo de quien sabe que. Gente que juega con sus perros, o con sus hijos en medio de los jardines.
Los faroles iluminan la soledad de la noche y en otra banqueta unos chicos lo saludan con una palabra conocida:
- “Habla!”
- ¡Qué fue! â??responde por inercia- Se acerca un instante y bebe con ellos un par de vasos de cerveza, da unas pitadas a un cigarrillo, rie un poco y se despide:
- Tengo cosas que hacer
Porque a pesar de que todo es lo mismo de siempre, para el esta noche es especial.
Metros más allá se cruza con dos viejas vestidas muy elegante, hablando de sus hijos tal vez; y llega a sentir el olor de su perfume, ese perfume que no soporta: “Esa vieja huele a mierda!”, hace una mueca de asco y prosigue su marcha y el camino se encarga de llevarse a la apestosa vieja.
Casi sin darse cuenta tiene casi encima otro grupo bebiendo cerveza, unos muchachos y unas chicas de cuerpos perfectos, cuerpos “light”, y caras llenas de maquillaje, ellas no saben con quien pasarán la noche, y ellos, aunque intenten negarlo, aunque pretendan ser sus “amigos” inocentes, todos ellos quieren lo mismo…
Contempla unos instantes uno de esos traseros, asfixiado dentro de un jean, y que parece llamarlo; reacciona, vuelve la vista al camino, y apura la marcha; hay mucha gente en la calle, miradas vacÃas, ojos locos, pero no se detiene porque esta noche tiene que ser diferente.
Al fin, doblando una esquina divisa su casa, el tercer piso en un edificio multifamiliar; seguro que su madre lo espera con la comida caliente, y su hermano se quedó atrás en alguna banqueta bebiendo su juventud con algunos amigos de Viernes, y sabe que su padre no regresó aun de trabajar.
Camina un poco más despacio; seguro que llegará a casa, comerá algo y se irá a dormir, y mañana se levantará temprano para ir a trabajar, seguro que mañana verá otra vez a su jefe, a las mismas personas, a la mujer en su trabajo, y le hará el amor unas veces más y se masturbará en el baño, seguro que también mañana volverá a casa tarde, cansado, y su madre lo esperará con la comida caliente y su padre no habrá vuelto de trabajar…
Se detiene mirando la luz en la venana de su dormitorio, dibuja una sonrisa y piensa: “Esta noche tiene que ser especial”, busca un poco entre su ropa, súbitamente saca un revolver y de un disparo se vuela los sesos.
El sonido del disparo lo despierta, reacciona, sonrie otra vez; y sigue su camino rumbo a casa, saluda a su madre, cena, y se va a dormir.
Como todas las noches.
* Escrito en el 2001