Viajar en transporte público en la conocida “hora punta” es una experiencia super desagradable, es por esto que en ocasiones y cuando me vence el cansancio al regresar a casa opto por tomar taxi, esto es bastante cómodo, considerando que tengo un asiento para mi solo y para explayarme sin preocuparme de molestar a la persona que tengo al lado. Una de las cosas que más me gusta cuando voy en taxi (y cuando no hace mucho frío) es abrir la ventana y sentir la brisa sobre mi rostro, mientras claro, me aislé completamente con los audífonos, imaginándome que lo que veo es el video de lo que escucho; esto es muy recomendable en caso de que te toque uno de esos taxistas que hablan y hablan suando no queremos hacerlo. Dejo claro que a veces soy yo quien inicia la conversación con alguna pregunta o comentario sobre el tema que tenga en la cabeza en ese momento. Además, solo algunas veces los taxistas tienen como soundtrack alguna canción que quiera yo escuchar en ese momento.
Algunas veces han salido conversaciones interesantes que me hacen pensar en la gente que pasa hora tras hora y día a día tras el volante, transportando a otra gente que no conoce y que probablemente no vuelva a ver nunca más en su vida. El día de hoy estaba pensando dejar de lado un taxi para tomar otro con mejor apariencia, a veces soy medio jodido con eso de subirme a un taxi, reviso desde la distancia que no sea un “Tico”, que tenga las luces en buen estado, que tenga una trayectoria más o menos uniforme al acercarse, que no venga demasiado rápido, que tenga el letrero de taxi sobre el carro, de preferencia que no tenga rejas dentro de la cabina, que tenga los stickers o logotipos de alguna empresa de transporte, que el chofer tenga cara amigable, etc, etc, etc… y por esas cosas que tiene la vida, terminé subiéndome a un ese taxi que iba a dejar pasar.