Aprendí lo insignificantes que pueden ser nuestras vidas frente a una enfermedad, frente a lo desconocido.
Aprendí que mientras nos pasamos la vida hablando sobre nuestra existencia, esa existencia no es nada, simplemente “estamos”, la vida no tiene sentido.
Aprendí a poner inyecciones subcutáneas en casi cualquier parte del cuerpo.
Aprendí a cambiar la botella de suero, cloruro por dextrosa, ponerle suatancias al suero, medir el goteo, purgar el aire, quitar las burbujas.
Aprendí a poner inyecciones intravenosas a traves del suero.
Aprendí a quitar una vía del brazo.
Aprendí que hay personas que pueden hacer aparecer cosas de la nada… esperanza.
Aprendí que hay gente que no se rinde, y sigue luchando, aún sin saber por que.
Aprendí que los torpes pueden ser torpes siempre.
Aprendí a nebulizar, poner el cloruro, la mascarilla…
Aprendí algo de palmoterapia, y fisioterapia.
Descubrí que mi reacción ante la impotencia es una agresividad terrible.
Aprendí (una vez más) que el que mucho abarca, poco aprieta.
Aprendí que jamás debo hacer un trabajo basado en la amistad, tarde o temprano terminaré renegando de el.
Aprendí muchas cosas más que ahora no me acuerdo, talvez otro día.